La naturaleza se disfruta mejor en su estado natural, libre y salvaje.

En días de vacaciones, los viajeros suelen pensar y escoger aquellos presentes que desean llevar a
manera de recuerdos para sus seres queridos o incluso, para ellos mismos. Y como Colombia
cuenta con una vasta diversidad de fauna y flora silvestre, quienes viajan por ella suelen sentirse
atraídos por tan majestuosa belleza, a tal punto que surge casi como algo natural, el deseo de
llevar a sus hogares algo de esa naturaleza poco común en los lugares de donde provienen.
Durante 2017, según el Ministerio de Medio Ambiente, 23.605 especies de fauna silvestre fueron confiscadas. La tortuga, la hicotea y la babilla, son las especies más comercializadas; y los departamentos de Putumayo y Sucre, así como la ciudad de Montería los sitios donde mayor número de especies se incautaron ese mismo año.
Pero no solo la fauna se ha visto afectada, 2017 también se vio marcado por el alto número de especies de flora silvestre incautada, en total 246.320, de las cuales menos de la mitad se lograron rescatar, dadas las características de la geografía colombiana. En cuanto a la vegetación, la palma de cera del Quindío, muy usada en las procesiones del domingo de ramos, declarada por demás, en vía de extinción; la palma de vino y la guadua son los ejemplares más apetecidos por los traficantes de flora.
“Es importante que cuando una persona se sienta atraída por extraer, comprar o simplemente apropiarse de un animal o una planta silvestre, y quiera llevarlo a casa, se imagine qué sería de su vida si se le confinara a un espacio totalmente ajeno al suyo, si se le encerrara en una habitación, definida por una compuerta que solo se abre para recibir cada tanto cierta ración de comida; quien haga este ejercicio, comenzará a concientizarse de lo triste que es la vida de un animal puesto en cautiverio” afirma, Jennifer Rincón, activista de Defenzoores. Pensar en esa situación, en ese ritmo impuesto de vida, puede hacer que muchas personas dimensionen lo que implica cambiar forzosamente el hábitat de un animal o incluso de una especie vegetal, que por muy buenas condiciones que se le creen, nunca les proveerá lo necesario para una vida digna.
¿Qué se conoce como tráfico ilegal de fauna silvestre?
Para hablar de Tráfico ilegal de fauna silvestre, es importante remitirse a la normativa actual del comercio de fauna silvestre en Colombia: “Se entiende por tráfico, extraer, manipular,
experimentar, destruir, apropiarse, introducir, explotar, transportar, mantener, comercializar,
explorar, aprovechar o beneficiarse de especímenes, productos o partes de los recursos fáunicos, florísticos, forestales, biológicos, hidrobiológicos, o genéticos de la biodiversidad colombiana, sean vivos o muertos, así como de sus productos y subproductos”.
En Colombia se han establecido formalmente varias definiciones de fauna silvestre, como la que aparece en el Código Nacional de los Recursos Naturales Renovables (Decreto Ley 2811 de 1974); sin embargo, la normativa vigente reposa en el texto de la Ley 611 de 2000, que establece como fauna silvestre “el conjunto de organismos de especies animales terrestres y acuáticas, que no han sido objeto de domesticación, mejoramiento genético, cría regular o que han regresado a su estado salvaje. La fauna silvestre la comprenden todos aquellos animales que no hacen parte de las especies animales reconocidas por haber sido domesticadas por el ser humano”.
¿Cuáles normas protegen la fauna silvestre en nuestro país?
Hay diferentes medidas de protección, pero siempre la línea de base es la normativa, el decreto ley 2811 de 1974, del Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente; el decreto 1608 del 1978, por el cual se reglamenta el Código Nacional de los Recursos Naturales Renovables y de protección al Medio Ambiente y la Ley 23 de 1973, en materia de fauna silvestre; así como la ley 84 de 1989, por la cual se adopta el Estatuto Nacional de Protección de los Animales y se crean unas contravenciones para regular todo lo referente a su procedimiento y competencia, esta ley protege, por ejemplo, a los animales de agresiones y torturas. También está la aprobación del convenio internacional de especies amenazadas de flora y fauna silvestre, CITES, que busca que el comercio de animales y plantas silvestres no contribuya a la extinción de las especies. Lo más reciente en protección animal es el código de Policía, que mediante la ley 1801 de 2016, autoriza la imposición de multas y amonestaciones por comerciar, negociar y en general, aprovecharse de animales silvestres, considerados de manera errónea como mascotas.
¿Cuáles especies de animales podemos encontrar en este grupo y cuáles son las especies más comercializadas por los traficantes de fauna silvestre?
Según Jennifer Rincón, los índices de comercialización de una especie dependen de la lógica de los compradores, pues son estos quienes definen la dinámica de los traficantes, quienes operan de acuerdo con la lectura de sus gustos y preferencias.
“Entre las aves, sobresale el comercio ilícito de guacamayas y loros; también es muy común la venta de tortugas y réptiles como la babilla. Esta última especie ha sido muy  comercializada por cuenta de los productos que se pueden obtener de su piel: correas, zapatos y otros artículos de vestir. Cabe aclarar que hay zoocriaderos de babillas que poseen licencias donde se realiza una actividad comercial dentro del marco legal.
Según recientes informes de Corantioquia, el titi piel roja, la Guacamaya Gonzala, el loro de frente amarilla, el Sinsonte, el canario Costeño, la tortuga Hicotea y el Morrocoy son las especies más traficadas en Antioquia. Y según Cornare, la guacamaya, el loro de frente amarilla y la tortuga Morrocoy, son las especies más buscadas por el tráfico ilegal de fauna silvestre, en la jurisdicción de esta dependencia.
¿Por qué se comercializa la fauna silvestre?
Según Jennifer Rincón, “cuando tuve la oportunidad de acompañar operativos, evidencié que lo común es que ciertas personas de manera muy olímpica suelen decir que les gusta tener mascotas diferentes, a pesar de que estos animales no se asocien con ningún requisito ecológico ni normativo para ser considerados como mascotas. Se trata de una mirada utilitarista y caprichosa; por ejemplo, hablan del canto de las aves como algo que los lleva a pensar en el cautiverio para aves silvestres. Siempre hacían alusión a lo agradable y relajante del canto de esta aves y su deseo por tenerlas en cautiverio”.
¿Quién se encarga de controlar el tráfico de fauna silvestre?
Las autoridades ambientales en el caso de Antioquia son Corantioquia, Corpouraba, Cornare y el Área Metropolitana. Ellos son los encargados de direccionar los operativos, realizar el control, aunque las secretarías ambientales también apoyan a través de diversas estrategias educativas. En el caso de los operativos, la Policía Nacional es igualmente la entidad que ejecuta estas acciones de control, en virtud de su misión.
¿Qué sucede con los animalitos confiscados por las autoridades competentes?
Depende de la patología que presente el individuo en el momento de la entrega voluntaria o de la captura, pues a partir de este parte médico se determina si el animal es trasladado a un centro de valoración, donde se reciben provisionalmente especies salvajes; se le remite a un centro de rehabilitación, donde se les rehabilita para regresarlos a su hábitat natural o se les libera, siempre en su entorno natural, dadas sus buenas condiciones, que es lo menos usual.
Cuando se realiza el decomiso o la entrega voluntaria del animal, este debe pasar por una
valoración médica donde se le analiza etológicamente como miembro de una especie; es decir, se miran aquellos aspectos comportamentales y de salud, se le realiza un completo examen médico para determinar que ese animal no sea portador de enfermedades asociadas a su especie o a otros animales, para que así no represente un peligro para su comunidad o las demás especies que interactúen con el animal. Hay animalitos con enfermedades muy avanzadas, difíciles de curar; en este caso, es el veterinario quien da el parte; y suele haber casos en los que es preciso incluso, aplicar tristemente la eutanasia debido al avanzado estado de la enfermedad.
¿Qué condena se les impone a quienes se vean implicados en el tráfico ilegal de fauna silvestre?
El código penal de nuestro país establece penas entre 32 y 90 meses de cárcel, y también
establece multas de hasta 15 mil salarios mínimos legales vigentes, según el artículo 328 del
Código Penal colombiano. Se castiga a quien venda y a quien compra especies de fauna silvestre, mediante sanciones penales y pecuniarias.
Con el paso de los años, los operativos contra el tráfico ilegal de fauna silvestre se han
incrementado. El tema ha cobrado cada vez más importancia; no obstante, como es algo
relativamente nuevo en nuestro país, no se dispone de buena información para establecer si el tráfico ilegal de especies silvestres ha disminuido o se ha incrementado con el paso de los años.
Durante los periodos de vacaciones es cuando más se incrementa el tráfico de fauna silvestre; diciembre-enero; junio-julio son sin duda alguna, los meses más neurálgicos, pero en Semana Santa, a pesar de que son solo 7 días, el tráfico de fauna silvestre aumenta considerablemente si se le compara con los dos periodos anteriormente mencionados.

Para disminuir esta problemática se requiere de mayor educación, que la sociedad conozca y
comprenda que el tráfico de fauna silvestre afecta el medio ambiente. Así mismo, es importante que las administraciones públicas y otras entidades, como Defenzoores, cuenten con las herramientas necesarias para impactar cada vez más grupos poblacionales y logren en consecuencia sensibilizarnos a todos sobre lo importante que es proteger nuestra fauna silvestre, para que Colombia pueda exhibir con orgullo el tan cacareado adjetivo de país biodiverso.

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